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  • Raquel Brune

Falsos mitos sobre las escritoras y escritores

El otro día vi un capítulo de la última temporada de Modern Family en la que se encontraban por casualidad con un célebre y huraño escritor que vivía en el tronco de un árbol para mantenerse aislado de la sociedad. Está claro que en la serie los guionistas jugaban con llevar al extremo un estereotipo (el del genio antisocial), pero verlo me hizo pensar en todas las percepciones erróneas que existen sobre el estilo de vida de los escritores y escritoras y sobre la escritura en sí misma.


Conozco a unas cuantas autoras y, dentro de las idiosincrasias que tenemos todos, os puedo garantizar que son personas bastante corrientes, servidora incluida. Ninguna vivimos en una cabaña aislada en el bosque ni nada por el estilo y os puedo asegurar que no hay nada menos glamuroso que sentarte en la cama con tu portátil, un pijama o un chándal cutre, las gafas llenas de dedos y un moño mal hecho para que no te moleste el flequillo. Igual es que no lo estamos haciendo bien, pero mi experiencia hasta ahora con la escritura es la de que es un oficio como cualquier otro. Si sois del tipo de persona que prefiere creer en la magia y que no ve los “cómo se hizo” de las películas para no romper el encanto, mejor dejad de leer, porque vamos a desmentir unos cuantos mitos.


1. Para poder escribir hay que estar atormentada o atormentado


Esta creencia romántica repetida a lo largo del siglo XIX y XX (a todas nos vendrán numerosos nombres de escritores y todo tipo de artistas que encajan dentro de este estereotipo) describe a un creador que sufre, en ocasiones por el bien de su obra, como si se tratase de un instrumento más para la creación. A veces la causa de tanto pesar es el desamor, otras se debe a se siente incomprendido por la sociedad de su época, porque vive en la pobreza, por su aislamiento, porque es un “genio maldito”. Analizadas caso a caso nos encontramos con tragedias humanas, con personas que utilizaron su creatividad para sobrellevar su dolor o que cruzaron el punto de no retorno hasta autodestruirse. No hay nada de poético o heroico en que Baudelaire dilapidase su herencia en vicios o que John Keats muriese en pobreza. Seguro que hubiesen escrito grandes obras de todas formas, puede que incluso más y mejores con todo el tiempo que hubiesen ganado si su situación hubiese sido más favorable.


Sí, canalizar el dolor es uno de los poderes de la creatividad, pero, corremos en el riesgo de creer que para poder crear hay que estar sumido en un estado de agonía. Ojo, no es lo mismo canalizar el sufrimiento para crear que crear a base de sufrimiento.


Es cierto que los estados de ánimo más oscuros y vivencias dolorosas pueden sacar a la luz sentimientos que más tarde pueden convertirse en la inspiración de un poema, una novela o una obra de teatro, pero no olvidemos que estados como la depresión o la ansiedad (ya sean por causas internas o externas) son paralizantes. Es importante tener cuidado con la romantización de las enfermedades mentales. Padecer una dolencia no es agradable ni deseable. Si te duele una pierna vas al médico, si no eres capaz de llevar a cabo tus rutinas a causa de tus pensamientos y emociones, también.


Si lo que quieres es convertirte en un autor o autora de renombre lo mejor que puedes hacer es cuidar tu cuerpo y tu mente, llevando una vida lo más sana posible, evitando las conductas autodestructivas y yendo al médico si lo necesitas. Será la única forma de trabajar cada día con constancia y de enfrentarte a las dificultades del día a día sin que sea un tormento continuo.


2. El talento lo es todo


Tener una predisposición natural ayuda. Claro que sí. Recuerdo cuando empezábamos un nuevo deporte en Educación Física y había compañeras que en un segundo habían captado la dinámica del juego y sus técnicas mientras que yo tardaba varias clases en averiguar cómo sostener el stick de hockey adecuadamente. Ellas sacaban mucho mejor nota que yo, y no es de extrañar, porque trabajamos las mismas horas: durante las clases. El trabajo de psicólogas como Angela Duckworth, autora de Grit, nos dice que si yo hubiese dedicado más horas de calidad a trabajar en mi técnica no solo hubiese podido igualarlas, sino superarlas (todo esto es hipotético, porque mi interés personal por aprender a jugar al hockey es casi nulo).


En su libro Angela Duckworth defiende que quien triunfa y consigue sus objetivos no es la persona con más dotes naturales para cierta disciplina, sino la que trabaja más y mejor (con atención, encontrando y corrigiendo errores). Yo de “triunfar” no sé si os puedo hablar, pero la experiencia me dice que el mejor método para llegar a hacer algo bien es insistir.


Si escribes mucho, lees mucho, aprendes de tus errores y te formas la calidad de tus textos mejorará. Si no lo intentas nunca porque “no eres lo bastante buena”, seguirás sin estar a la altura de tus propias expectativas. No tengas miedo de meter la pata o de escribir “mal”, sobre todo si nunca lo has hecho. Mis primeras novelas y relatos eran TERRIBLES, pero si no las hubiese escrito jamás habría podido aprender de ellas. El talento está muy bien y te facilita el camino, pero la dedicación es la que te lleva a evolucionar y desarrollar tu potencial.


3. Es un sueño poco realista


Hagamos un ejercicio, ¿de acuerdo? En España hay unos 150.000 abogados y abogadas en activo y 120.000 estudiantes de derecho Teniendo en cuenta que seguro que todos esos profesionales llevan mucho tiempo en activo y que la edad de jubilación en España es de 67 años…en fin. Haced vosotras las cuentas.


Vale, sí, seguramente no todas las estudiantes de derecho quieran ser abogadas, pero creo que podemos asumir que muchas de las personas que sueñan con vivir con un buen sueldo en la profesión para la que se han formado no lo consiguen, y menos teniendo en cuenta que hay bufetes donde pagan dos euros la hora. Así que, ni siquiera consiguiendo trabajo te garantizan que vayas a poder tener un nivel de vida digno.


Y ahora volvamos a la escritura. En España se publican sobre 80.000 títulos al año y aunque es cierto que muchos son de autores extranjeros no se trata de una cifra nada desdeñable. Si ponemos las cosas en perspectiva lograr escribir y publicar no es más difícil que cumplir cualquier otro sueño. Llegar a ser doctora, profesora de primaria, científica investigadora, emprendedora, todo es difícil en esta vida y conlleva mucho trabajo. Es cierto que las disciplinas artísticas dan más miedo por esa apariencia de “inciertas” que tienen y porque, seamos sinceras, a no ser que te muevas en altos niveles no da muchísimo dinero (ya hablaremos de eso en el siguiente punto), pero tal y como está el panorama no es más duro que estudiar varios años para opositar sin saber si te vas a aprobar o ir a doscientas entrevistas de trabajo para que solo te ofrezcan un puesto de becario mal pagado sabiendo que cuando se acabe el contrato te van a echar. Sea cual sea tu sueño tendrás que lucharlo y más aún en la coyuntura actual.


4. Solo lo conseguirás si es tu plan A


Este mito quizás tenga algo que ver con una mezcla de esa visión romántica del artista (no, no hace falta que estés muriéndote de hambre y que no tengas dinero para poner la calefacción para ser un buen artista, de hecho pensar en el frío y el hambre que tienes no ayudará mucho) mezclado con esos mensajes motivacionales muy al estilo estadounidense de “si no lo consigues es porque no lo quieres lo suficiente”.


Si quieres escribir, tienes que tener un plan, eso está claro, pero que tu vida vaya en ello es una fantástica forma de bloquearte por preocupaciones más urgentes del estilo de “¿cómo voy a pagar el alquiler de este mes?” o “mañana llega la factura de la luz y tengo diez euros en mi cuenta”. Las disciplinas creativas y artísticas son complicadas y que triunfes y cuando lo harás depende de muchos factores fuera de control. No me cabe duda de que si seguimos aprendiendo y trabajando lo podemos conseguir, pero puede ser el año que viene o cuando cumplas sesenta y mientras tanto tendrás que vivir de algo (a no ser que hayas heredado una fortuna de un tío lejano al que no conocías). Sí puede ser un oficio o profesión relacionado con lo que te gusta, mejor. No hace falta ser Carlos Ruiz Zafón para poder vivir de la escritura, pero tampoco va a ser un camino fácil. Así que por favor, piénsatelo mucho antes de tomar la decisión de apostar al 100% por la escritura. Te será mucho más sencillo si tienes una red de apoyo sólida y pocas responsabilidades, pero no todo el mundo tiene esta suerte.


5. Las escritoras/es se sientan y escriben un manuscrito a la primera porque son genios.


Esta me hace especial gracia (o me da ganas de llorar, no lo tengo claro). Ignoro si existe alguien por ahí que de verdad sea un genio y puede plantarse ante una hoja en blanco y escribir una obra maestra sin pestañear, así que no se puede generalizar, pero creo que para todos los que no somos prodigios lo normal es tener que trabajar mucho un texto antes y después de escribirlo para que quede un producto decente. Igual que en el cine suele haber un trabajo de preproducción y postproducción, primero hay que madurar las ideas y planificar (si eres de tipo mapa) y después editar. Editar mucho. Sin complejos. Sin miedo. Hace poco leí un tweet de Victoria Schwab en el que decía que podía hacer treinta revisiones de un manuscrito, así que no es del todo raro que un autor se pase más tiempo corrigiendo su libro que escribiéndolo.


En resumen: no, no debes preocuparte si tu primer borrador no es perfecto, porque el de (casi) nadie lo es. Además, ten en cuenta que estás comparando tú trabajo en proceso con el trabajo finalizado de otras personas. ¿Nunca compararías un boceto con un cuadro, verdad? Pues eso. Sigue trabajando hasta que sea el momento de dejarlo ir (sé que muchos nos pasaríamos toda la vida perfeccionando el mismo libro, pero tampoco es lo más sano, también hay que recordar que la perfección no existe).


6. Todo está contado.


Recuerdo que tenía un profesor en la universidad que nos recordaba de vez en cuando que “Todo lo que pienses lo han pensado antes los griegos”, así que viéndolo así no tiene demasiado sentido hacer nada. Sentémonos a la bartola, que pa qué. ¿Las redes sociales? En esencia es lo mismo que mandar señales de humo, ¿El coche eléctrico? ¿Es que no tienes dos piernas para ir de un sitio a otro? Vale sí, está bien, puede que los conceptos esenciales estén ahí, pero con ejemplos como este creo que salta a la vista que la forma de hacer las cosas está en continuo cambio, y menos mal. La literatura no es una excepción.


Hay arquetipos que llevan repitiéndose desde Gilgamesh, el primer viaje del héroe conocido, pero creo que todas podemos apreciar las diferencias entre esta historia y Los juegos del hambre. Estos arquetipos, clichés, si preferís llamarlos así, se reinventan con cada época y cada cultura. No es casualidad que de vez en cuando se ponga de moda los retelling de los cuentos clásicos o que personajes como James Bond o Sherlock Holmes sean reinterpretados una y otra vez. Ya lo decía Neil Gaiman, “Las historias están vivas”. Y resulta que te necesitan a ti y a tu punto de vista único para renacer, ya sea como escritora o como lectora. Nadie ha vivido la vida que vives tú en 2019, en tu ciudad, con tus mismas experiencias. La honestidad es tu mejor baza para diferenciarte porque no necesitas hacer nada más que ser tú misma.

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