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  • Raquel Brune

La filosofía de una escritora de éxito: Victoria Schwab

Debería estar preparada a estas alturas, pero no lo estoy.


Después de insistir, insistir e insistir a prácticamente todas las personas que trabajan en comunicación en Ediciones Urano recibí uno de esos mails que tienes que releer tres veces para podértelo creer: Ya hemos cerrado su horario y tienes cuarenta minutos para entrevistarla.


Con los años he aprendido a no soñar despierta sobre todas las cosas que puedan pasar, porque al final ni lo que imaginas como bueno es tan maravilloso ni lo que en tu mente es terrible resulta ser para tanto. Que intente no imaginar cómo va a ser conocerla no quiere decir que no me pase la semana de antes inquieta, la noche previa en vela y todo el día incapaz de ingerir un solo alimento sólido. Respiro hondo, me preparo bien mis preguntas y me presento en la librería en que nos encontraremos con mi cámara, mi trípode y un par de micros de solapa.


Me doy cuenta de que, por mucho material que haya traído conmigo y por muchas veces que haya repetido las preguntas en mi mente, no estoy preparada, ni mental y emocionalmente, para el momento en que Victoria camina hacia mí, andando con seguridad sobre sus tacones e irradiando luz a pesar de que vista de negro de los pies a la cabeza. Por supuesto, no faltan sus icónicas orejas de gato. Su voz es tan dulce y serena como en los vídeos de entrevistas que he visto mil veces. Ella es Victoria Schwab, la autora de grandes éxitos como Una magia más oscura, Una canción salvaje, Una obsesión perversa, o Ciudad de fantasmas.


Ella me saluda, yo balbuceo y lo primero que hago es chocarme con ella en un intento de saludar con dos besos y olvidando por completo que solo se saluda así en España. Sí que empezamos bien. Por suerte ella se ríe a pesar de que los setenta y cinco días de tour habrían acabado con la paciencia de cualquiera y espera paciente a que acabe de montar el chiringuito.

Me siento a su lado para comenzar la entrevista y siento que acabo de olvidar todo el inglés que sé. En el estado en que se encuentra mi cerebro ahora mismo, ser capaz de conjugar el verbo to be será una proeza épica. Después de trabarme en varias ocasiones y de estar a punto de entrar en pánico, consigo recomponerme y empezar con la entrevista. Victoria es una de esas entrevistadas que saben ganarse a la cámara y todo lo que cuenta es tan fascinante que ya poco importa mi torpeza, apenas tengo que hablar para que ella se encargue de darme el material que necesito.


Disponéis de la entrevista completa en mi canal, pero además de las preguntas que yo le hice, pude presenciar entrevistas que le hicieron otros compañeros, fui invitada a un íntimo meet and greet en el que sus lectores pudieron hacerle preguntas e incluso le robe un par de minutos para charlar con ella. Las consecuencias: salir de la librería más inspirada y habiendo aprendido más que en mis cinco años de carrera.


Atentas, escritores y escritoras, porque esto os va a interesar. Allá van algunas de las lecciones que Victoria Schwab ha aprendido a lo largo de sus casi diez años escribiendo novelas y después de publicar casi veinte libros con solo treinta y un años:


1. El éxito es ser tú misma.


He titulado este post como “la filosofía de una autora de éxito” y lo primero que necesitamos para comprender esta filosofía es definir nuestra noción de éxito.

Publiqué una novela con veintipocos y pensé: ya está, lo he conseguido, esta novela cambiará mi vida, ahora es cuando me hago rica y famosa (risas). No pasó nada. Publiqué una segunda novela, fue bien, algunas personas la leyeron, pero tampoco pasó nada. Publiqué una tercera, una cuarta, y seguía sin tener éxito. Fue entonces cuando Victoria decidió dejar de preocuparse por si la novela que escribía sería el tipo de manuscrito que una editorial querría publicar o el que arrasaría en las listas de más vendidos. Escribió en secreto la historia que daría el pistoletazo de salida a su carrera a nivel internacional: Vicious.


La escribí pensando que nadie la leería jamás, la escribí solo para mí. Y resulta que muchas otras personas ahí fuera estaban deseando leer ese libro. Si escribes una novela pensando en vender y no vendes, entonces no tendrás nada. Nunca te arrepentirás de escribir una novela que era para ti, un ejercicio de catarsis, porque ya habrás cumplido su propósito solo con escribirla. Y bueno, si por el camino te conviertes en best seller del New York Times, mejor que mejor. Cuando sostengo un libro entre mis manos, puedo saber qué persona era en ese momento, en qué etapa de mi vida estaba y cómo me sentía. Qué bonita forma de que tus libros cuenten tu biografía, ¿verdad?

2. Escribir es como cocinar


Perdonadme, nos avisa, pero voy a usar muchas metáforas de cocina. Resulta que explicar el proceso creativo es complicado, ¿cómo resumir el complejo trabajo de meses y meses, en ocasiones años, que realiza nuestro cerebro de forma inconsciente y consciente para convertir una idea en una historia con una estructura narrativa sólida y unos personajes creíbles? Pues hablando de comida. Para mí escribir es como cocinar. Tú no preparas una receta con un solo ingrediente. Tienes una base, que es una idea, y la añades a la olla. Después le vas incorporando otros ingredientes que combinan bien y dejas que se cocinen hasta que le añades especias, sal… y otros detalles que le den sabor. Así es como construyo una historia. Igual que una chef, le basta con oler lo que se cuece en la olla sabe qué es lo que hace falta añadir para que sea un plato inolvidable.


El cerebro es una máquina increíble. Igual que en una cocina puedes tener varios fuegos, el cerebro es capaz trabajar en varias cosas a la vez. Yo solo trabajo con el fuego alto en un proyecto, pero simultáneamente puedo tener muchas cazuelas con algunos ingredientes a fuego lento preparadas para pasar al fuego alto cuando las necesite, nos cuenta, después de que le pregunte cómo se las apaña para tener siempre algún proyecto bajo la manga. Victoria no es la única autora que recurre al mundo de la cocina para explicar su cerebro (véase a Brandon Sanderson explicando la diferencia entre ser un escritor “chef” y un escritor “cocinero”) así que parece que una buena forma de entender cómo funciona la escritura es aprender a guisar primero.

3. No te quedes sin agua


Para mí, mi creatividad es como un pozo. Saco todo el agua que necesito para escribir, pero es muy importante que nunca se quede del todo vacío. Hay que volver a llenarlo para poder seguir escribiendo. Soy una ávida consumidora, de libros, de series, de películas...


Si hay una pregunta de la que todos los autores deben de estar hartos de responder es “¿De dónde sacas tus ideas?”. Victoria se refiere a su propio pozo particular como esa fuente de la que surgen los ingredientes con los que cocina, y la buena noticia es que tú también tienes uno. No solo para escribir novelas, sino para cualquier forma de creatividad, necesitas esos elementos con los que jugar, combinar y transformar, para obtener un resultado, así que si no quieres agotarte, echa un vistazo a tu pozo por si necesitas volver a llenarlo de manera urgente.


Ya sabes, si eres una persona creativa, no te sientas culpable por emplear tu tiempo en hacer una maratón de Netflix (o de programas de reformas), porque nunca sabes de dónde va a surgir la inspiración. Claro, que seguramente tengas más probabilidades de dar con una gran idea si consumes aquello que de verdad te inspira. La clave está en saber que es imposible trabajar siempre, a veces hay que parar y vivir la vida.

4. Piensa a largo plazo.


Perspectiva, perspectiva, perspectiva. No pude evitar hacerle algunas preguntas egocéntricas pensando en mí misma y mis propias inseguridades. Aunque ahora Victoria sea una autora de renombre internacional, amada y respetada por colegas y lectores, ella también fue una veinteañera que publicaba su primera novela con el corazón en un puño. En esta industria ocurre algo que no pasa en ningún otro sector, se le da muchísima importancia a las primeras veces, pero no es realista ¿Cuántas veces hemos visto en la portada de una novela el dato de que se trata el debut de un autor o autora anunciado como si fuese una garantía de calidad ¡Es mi primera novela, dadme un respiro! Dan ganas de gritar. ¡Tengo toda la vida para aprender, calma! Quienes llevan toda una vida de oficio cuentan con diez, veinte, treinta… ¡incluso cien libros a sus espaldas que defienden su trabajo! Un solo libro nunca será tu carrera, me explica Victoria, después de que le haya contado mis dramas de novata No lo será tu primera novela, y tampoco la segunda, ni la tercera. Así que si como yo acabas de empezar en el mundo editorial o estás dando tus primeros pasos como escritora, visualízate como una ancianita de ochenta años escribiendo su quincuagésima novela, ¿Crees que un solo libro entre tantos, ya sea un éxito que igualar o un fracaso que superar, será tan importante? Seguro que no.


5. Para contar una historia bien, a veces hay que contarla mal primero.


Mi editora me llamó por teléfono, y cuando una editora te llama, nunca es buena señal, cuenta Victoria, hablando sobre el primer manuscrito de Vengeful. Me dijo que era bueno, pero que solo era una continuación, y yo quería escribir algo más. Un problema de personajes lo podría haber corregido, pero era un problema de trama, así que hice lo único que podía hacer, llegué a mi casa, encendí el ordenador y borré el manuscrito, se escucha con perfecta claridad un suspiro de angustia colectivo cuando relata esta historia.


Hace falta mucho valor para volver a empezar de cero después de meses e incluso años de trabajo, pero, en sus propias palabras, para contar una historia bien, a veces hay que contarla mal primero. Ya sea a través de la corrección o la reescritura, este consejo es duro, pero cierto. No siempre tenemos las mejores herramientas para contar una historia en el momento en el que la escribimos, ya sean conocimientos sobre escritura o lecciones que la vida aún tenía que darnos, puede que incluso, necesitemos acabar de escribir esa versión para entender en plenitud qué era lo que estábamos contando.


foto de Jenna Maurice

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