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  • Raquel Brune

Cosas que no sabías que sabías - Escritura y creatividad con Rosa Montero.

Actualizado: 7 de feb de 2019

Igual que muchas de las historias y anécdotas de esta década, el relato que narra este post comienza con un mensaje de Whastapp: “¿¿¿Vais a lo de Rosa???”. Vanessa lleva insistiendo en que DEBEMOS leer Los tiempos del odio desde hace semanas, así que es fácil deducir por el número de interrogaciones a qué se refiere. Nos acaba de llegar una invitación a una masterclass de escritura con Rosa Montero como ponente. Una de esas ofertas que no se pueden rechazar. Primero, porque su prestigio como periodista y autora la precede y segundo, porque si no la acompañamos es muy probable que Vanessa nos retire la palabra para siempre.


La masterclass tiene lugar en un palacete escondido en el corazón de la ciudad que acoge el Museo Lázaro Galdiano. Es imposible que no nos imaginemos a nosotras mismas transportadas a otra época en la que somos las invitadas de un elegante baile al que acudiremos en un carruaje etc etc. Hemos visto demasiadas películas basadas en novelas de Jane Austen.


Nos conducen hasta una sala repleta de sillas y decorada del suelo al techo con láminas de madera que recuerdan más bien a los sótanos setenteros de los programas de reformas canadienses y que rompen un poco (bastante) el encanto. La sala se empieza a llenar y nos damos cuenta de que no encajamos demasiado en el ambiente. Resulta que la charla está enfocada a profesores de secundaria y allí estamos nosotras, tres crías hiperactivas rodeadas por adultas que nos doblan la edad y por periodistas muy serios. ¿Qué hacemos aquí? A veces el universo hace cosas raras y estoy segura de que esta es una de ellas. Pero tengo el presentimiento de que tendríamos que darle las gracias, porque seguro que es un regalo.


El universo no nos falla y tan pronto como Rosa Montero se acerca al micro y empieza a hablar nuestras miradas se iluminan como si fuésemos cachorritos en un escaparate deseando ser adoptados. Sé que las tres nos sentimos igual. Fantaseamos con nuestro yo de dentro de unos años y en nuestra mente esa versión inexistente de nosotras mismas se parece mucho a la mujer experimentada, consagrada y segura de sí misma a quien tenemos delante.


Durante algo más de una hora Rosa (perdonadme por las confianzas) compartió su sabiduría sobre la escritura y creación con nosotras y respondió a nuestras preguntas con honestidad y sinceridad. Voy a intentar resumir algunas de las ideas que para mí fueron más importantes con mis propias palabras. Lo que significa que a lo mejor me he inventado algo o me he excedido con eso de la libre interpretación (y por eso, amigas, no estudié periodismo). Vamos allá:


La escritura tiene que surgir del inconsciente


Dicho de otro modo. No te sientes a escribir con una idea predeterminada de cómo tiene que ser el resultado final, porque no funciona así. Uno no se planta delante del teclado pensando “Voy a escribir el próximo Premio Planeta”, porque lo más probable es que te quedes en blanco o que escribas algo que no te representa. Es mucho más sano dejar que fluyan las ideas y aceptar que la historia que podemos y tenemos que contar a lo mejor no se parece a la que queríamos escribir en un principio. En resumen, cuanto más lo pienses, peor. Esta idea no tiene que ver con la planificación, sino más bien con la intención. Deja que sea lo que tenga que ser, relájate, NO PIENSES TANTO.


“Escribe para contar cosas que no sabías que sabías”


Todas las autoras y autores tienen su propia forma de ver la literatura y la escritura. A Rosa escribir novela le permite aproximarse al texto de una forma más pura. Nos cuenta como su trabajo de periodista le permite “desahogarse” a la hora de compartir sus ideas políticas y su forma de ver el mundo, liberándola para poder narrar las historias tal y como piden ser contadas. Gracias a esta aproximación a la creatividad, escribir le permite encontrarse con respuestas a numerosas preguntas que, sin saberlo, tenía en su interior y que afloran durante el proceso creativo. ¿Qué me dices?, ¿estás de acuerdo? ¿Eres de los que cuentan historias para hacerse preguntas o para compartir una idea? No sé a vosotras, pero a mí me parece que este tema da para un post entero.


La creatividad es genética


¡Pues fíjate que parece que sí! Por lo visto han pasado ya diez años desde que unos psiquiatras húngaros asociasen un gen llamado neuregulin 1 con la creatividad y…con la psicosis. Un experimento con personas creativas les permitió determinar que quienes cuentan con una copia (el 50% de la población europea) del gen tienen aptitudes creativas, pero que hay un grupo más reducido ( 15% ) ¡que cuenta con dos! Estas personas además de destacar por su creatividad son hipersensibles a las críticas, tienen muy mala memoria y son propensos a sufrir trastornos psicológicos.


Por si no tuviésemos ya bastante con lo nuestro, Rosa nos explica como en su experiencia todas las escritoras y escritores (y ha conocido a unas cuantas) tienden a ser personas que no han madurado del todo. En fin, no sé. Que yo si fuese tú me lo pensaría muy mucho antes de salir con una escritora o escritor. ¿Tú estás segura de que te quieres meter en ese jardín?


Escribir una novela es como enamorarse… y luego se te pasa.


Rosa nos describe a la perfección cómo es el proceso de sumergirse en una historia hasta tal punto que se te olvida todo lo demás. Igual que cuando te enamoras. No puedes comer, no puedes dejar de sonreír, no puedes pensar en otra cosa (no, si para colmo además las escritoras seremos obsesivas ¡cómo no!).


A Rosa le lleva cerca de tres años escribir una novela entre planificar, teclear y corregir y sabe que es el momento de dejarla ir cuando está HARTAS de ellas y ve venir por el rabillo del ojo a otra idea coqueteando descaradamente. Muy bonito lo del amor, pero, no se nos olvide que escribir es más duro de lo que parece. Según Rosa, si te paras a pensarlo de forma racional lo que hacemos no tiene ningún sentido. Pasarnos horas y horas entregados a hablar sobre cosas que no existen hasta que nos exprimen el alma por completo. Pero qué se le va a hacer, así es el ser humano. Echadle la culpa al neuregulin 1.


Ellas, intentando mantener la compostura.

Cuando la ponencia y la ronda de preguntas concluyen no dudamos en acercarnos a Rosa (mentira cochina, estamos muertas de vergüenza y de miedo, pero, ¡fake it until you make it!) en el modo “fans locas”, mis dos amigas porque se han leído tropecientos de sus libros y yo porque me he quedado cautivada con sus ideas y su forma de expresarse. Nos sacamos una bonita foto de recuerdo, le damos las gracias por compartir su sabiduría con nosotras y mientras mis amigas hablan con la autora yo me pregunto si ella, que también fue una joven escritora, se sintió algún día como nos sentimos nosotras ahora mismo (con una mezcla muy, muy rara de dudas, estrés y ganas de comernos el mundo). Si es así, conservaremos la esperanza de, con mucho trabajo y esfuerzo, llegar a parecernos un poquito a ella algún día.

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